jueves, 17 de mayo de 2012

La psicología del poker. Por DANIEL SARRI


Que me esfuerce en hablar de psicología sin ser psicólogo es más que un arduo trabajo, una completa osadía. Pero si me reservo el derecho de ser por unos minutos uno de esos jugadores tramposos me guardaré un As bajo la manga y les propondré hablar sobre la psicología del jugador de poker.
Sí señores, en el poker también existe la psicología y más de la que puedan llegar a imaginar
Seguramente, ya está más que manoseado el tema de la visión del poker desde afuera entorno a esa aura de humo, vicio y peligro del naipe. Por lo tanto sólo haré una consideración a todo aquel que todavía ve este juego arrugando la frente y con el rabillo del ojo. Sí señores, en el poker también existe la psicología y más de la que puedan llegar a imaginar. Ojalá al final del artículo entiendan el porqué.
Imaginen por un momento que decido ahora mismo comprarme unas botas de alpinismo, un abrigo para el frío, un casco y unas cuantas cuerdas de escalada y les digo que tomo rumbo al Everest, a ver qué se ve desde allá arriba. Los alpinistas podrían caer en una espiral de carcajadas durante varios días. Comprensible, ¿verdad? Exactamente la misma reacción tendríamos los jugadores de poker ante alguien que crea que para esto de las cartitas sólo se necesita algo de mucha suerte.
La psicología en el poker entra en escena en el mismo momento en el que se pone dinero en la mesa. El poker sin dinero es un mero juego, algo no más allá de lo puramente lúdico. Me hicieron falta 10 minutos jugando con dinero ficticio para darme cuenta de ello. El poker con dinero se convierte en otra cosa. Me hizo falta jugar una sola mano para entenderlo.
En una mano ganarás dinero teniendo la mejor jugada o por el contrario
La magia de este juego radica en que existe la posibilidad de que alguien que no haya jugado nunca, juegue un torneo cualquiera, un día cualquiera y gane. Repito: existe la posibilidad. Pero no es la realidad del día a día.
Cuando mi entorno empezó a saber que jugaba a poker la pregunta recurrente siempre acababa siendo la misma:
- Ah! Pero..¿ganas dinero?
- Sí, claro.
- ¿Pero ese dinero es para ti, es tuyo, es real?
- Sí, del mismo valor que el que se refleja en la nómina de cualquier trabajador.

No hay comentarios: